Cerrando Círculos

La plenitud de una existencia depende, en gran medida, de la capacidad del ser humano de completar sus ciclos.

Los ciclos son procesos naturales por medio de los cuales el ser humano: crece, evoluciona, aprende y trasciende.

Terminar un ciclo, ya sea en una relación de pareja, en un trabajo o en cualquier situación que se presente en el transcurso de la vida, es parte del movimiento de la vida misma, y la forma en cómo vivamos estos cierres o nos resistamos a ellos indicará la forma en la cual vivimos nuestra vida.

Qué es un cierre de ciclo?

Cuando las personas perciben la decadencia de una relación interpersonal, ya sea ésta de pareja o la empresarial, la etapa de estudiantes, etcétera, sienten un malestar que puede ser una añoranza de los tiempos pasados hasta una furia incontrolable, porque las relaciones o la situación se les escapa de las manos. Algo ya no funciona como antes, las cosas no están bien, pensamos que el tiempo lo arreglará, que algo pasará para resolver la situación, nos sentimos decepcionados...Son las campanadas que anuncian que algo está muriendo...para dar paso a algo nuevo.

Entonces el período que va desde el comienzo de la decadencia o vencimiento de una situación o relación hasta que es declarado totalmente el fin de aquéllas es el tiempo de individuación. Esta etapa es caracterizada por un sentimiento paulatino de distancia, decepción, desorientación e insatisfacción en alguna de las áreas que componen dicha situación. Las personas suelen recurrir a diferentes estrategias para sobrellevar esta muerte anunciada. Tiempos de sentimientos encontrados que anuncian el adiós o final de su relación como estudiantes y la ansiedad del cambio, que anhelan y temen a la vez.

La manera de cerrar nuestros ciclos tiene mucho que ver con la forma de aprender a hacerlo, con patrones heredados o modelados desde la infancia. Algunas personas precipitan el cierre para no sufrirlo, pero se les dificulta decir adiós, lo cual lo evaden, por ejemplo: no van a los aeropuertos a despedirse, no se gradúan, no se casan o no se divorcian, ni van a entierros, ni hablan con las personas de las que se apartarán por alguna razón. Asimismo, otras personas simplemente evitan contactar con el cierre de las situaciones y relaciones. Antes de divorciarse ya tienen otra pareja, repiten situaciones relacionales una y otra vez, con consiguen el trabajo feliz, persisten en quedarse sin dinero y su modelo de fracaso se repite una y otra vez.

Al respecto cabe destacar lo siguiente:

  • Irnos de la relación con las manos vacías nos deja un vacío que nos impide avanzar.

Suelen seguir aferrados a un estatus, un rol, una relación, un negocio, a pesar de que el costo es mucho más alto que los beneficios. Finalmente, es decir, no rescatan nada de la experiencia y la catalogan como una raya en negativo en sus vidas. Sin embargo, la verdad es que nadie dará un paso hacia nuevas tierras si no estima que está equipado convenientemente. Nadie avanza a nuevos horizontes si considera que ha de hacerlo con las manos vacías, o con una carga de números en rojo suficientemente pesada para pensar con claridad.

El pasado, las vivencias, los recuerdos permanecen ahí para ser utilizados. Nadie se los puede robar, ni pueden renunciar a ellos, ni invalidarlos. En ese pasado reside la clave para el fracaso o éxito, para la felicidad y la infelicidad, para la soledad y la plenitud, para ganar o perder. Si no lo hacemos, tendremos que vivir con miedo, desconfianza y desesperanza.

El fracaso de una relación no es otra cosa que no querer reconocer su final e insistir en seguir con el mismo vínculo. Si los capitalizamos, serán nuestras armas, nuestros guardianes, nuestros consejeros para abrirnos un futuro, si no igual de satisfactorio, por lo menos mucho mejor.

Cerrar un ciclo significa detenerse, evaluar, reconocer la influencia del pasado, identificar los patrones y las tendencias que no nos sirven, rescatar lo que sirven, y cambiar la perspectiva de nosotros y de los demás, de los hechos y de las situaciones. Esta observación o este reescribir de la historia y de las experiencias solo resultará si lo hacemos de la mano de la compasión por nosotros.

No se trata de sentir lástima, ni de justificar

Mirarnos con dignidad y amor es permitirnos observarnos desde otra perspectiva que nos facilite diferenciar las conductas y estrategias asertivas, de las que nos llevan a las zonas de malestar, frustración y error. Se trata de realizar una investigación acerca de nosotros y apoyarnos con paciencia y determinación en los aprendizajes que nos harán más fácil la tarea de vivir plenamente.

Finalmente cerrar un ciclo significa recuperar nuestros aspectos oscuros o excluidos (características personales o familiares no deseados, experiencias vergonzosas, entre otros) y abrazarlos reconociendo que cada uno tiene una función en la búsqueda del amor, a pesar de ser inadecuados o inútiles.

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